viernes, 6 de diciembre de 2013

Un médico tuerto..

Si antes publiqué una de las creaciones de Sor Juana, en esta oportunidad será de Juan de Valle y Caviedes. Como se conoce, él pertenece a la literatura Barroca, específicamente de la poesía satírica. Juzguen en este fragmento la forma cómo veía su sociedad.
             Tuerto dos veces, por vista
              la una y la otra por ciencia,
              pues en la endiablada tuya
              nunca haces cosa a derechas.
              No llames siempre ante-ojos
              a los que traes, porque a medias
              ante-tuerto has de llamarlos,
              pues la mitad está a ciegas.
Si no tienes más que un ojo
ociosa está una vidriera;
parece remedio tuvo
por cosa que no aprovecha.
Sin embargo eres el rey
en la medical ceguera;
si todos a ciegas curan tú no,
que curas a tuertas.
Tu vista nadie la entiende,
pues ni se repara en ella
tú no miras sino apuntas,
tú no ves sino que asestas
¿Cómo si apuntando curas
no atinas con las recetas,
pues das tan lejos del mal
que todas las curas yerras?
A los enfermos les comes
las comidas y aun las cenas
para hacerles este mal
y que se mueran de dieta.
Ayúdales a beber
tus malditas purgas puercas,
y les darás media vida
y tu tendrás otra media
De las ayudas eleves
parte también, que les echas,
y ejercitarás dos ojos
que en un tuerto es cosa nueva.
Que el comerles las viandas
no es curarle las dolencias,
sino curarte del hambre

canina que te atormenta.

Ante la ausencia

Hola queridos usuarios, después de volver de una corto descanso, vuelvo para publicar a una de los representantes de la literatura Latinoamericana ¿quién es? Sor Juana Inés de la Cruz y su conocida poesía ''Ante la ausencia''. 

Divino dueño mío,
si al tiempo de partirme
tiene mi amante pecho
alientos de quejarse,
oye mis penas, mira mis males.

Aliéntese el dolor,
si puede lamentarse,
y a la vista de perderte
mi corazón exhale
llanto a la tierra, quejas al aire.

Apenas tus favores
quisieron coronarme,
dichoso más que todos,
felices como nadie,
cuando los gustos fueron pesares.

Sin duda el ser dichoso
es la culpa más grave,
pues mi fortuna adversa
dispone que la pague
con que a mis ojos tus luces falten,

¡Ay, dura ley de ausencia!
¿Quién podrá derogarte,
si a donde yo no quiero
me llevas, sin llevarme,
con alma muerta, vivo cadáver?

¿Será de tus favores
sólo el corazón cárcel
por ser aun el silencio
si quiero que los guarde,
custodio indigno, sigilo frágil?

Y puesto que me ausento,
por el último vale
te prometo rendido
mi amor y fe constante,
siempre quererte, nunca olvidarte.

SOR JUANA INES DE LA CRUZ